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866 No04_Materia y técnica

Materia y Técnica.

Dentro de la propuesta urbana para la Nueva Area Central de Morón se destaca la construcción de un nuevo complejo para el Club Deportivo Morón, donde la estructura pretensada para el nuevo estadio de futbol emerge como la pieza más singular del conjunto.

Mientras el debate arquitectónico de la segunda mitad del siglo XIX se centró en cuestiones de estilo y ornamento, en paralelo, la ingeniería fue resolviendo problemas materiales y estructuras notables.

Dentro de las temáticas que han favorecido a este nuevo impulso, las infraestructuras deportivas, y en especial los estadios, han sido uno de los campos predilectos para este nuevo desarrollo que ha puesto a prueba, no solo a los nuevos materiales, en especial al hormigón armado, sino nuevos conceptos estructurales y nuevas lógicas constructivas.

 

La teoría de las estructuras conduce a conclusiones acordes al desarrollo de una lógica constructiva y pueden explicarse en forma intuitiva siguiendo textos clásicos tan sugestivos como los de Salvadori, Candela, Torroja, Engel o Freyssinet, entre otros.

La idea central de esta Teoría es buscar soluciones de mínimo peso mediante el aprovechamiento del material, lo que se logra escogiendo la forma adecuada para el problema planteado.  Si bien, desde los inicios del siglo XX, las estructuras de los estadios fueron resueltas con estructuras de hormigón armado mediante la implementación de complejos encofrados realizados de manera artesanal, la tendencia en los últimas décadas fue la implementación de sistemas de hormigón prefabricado y post o pre tensados, que no solo hizo posible el camino para su industrialización sino que además supuso nuevas prestaciones estructurales para este tipo de programas.

 

Desde la inquietante estructura con vicera de las tribunas del Hipódromo de la Zarzuela en Madrid, de E. Torrojas, C. Arniches y M. Dominguez en el año 1935, al Complejo Oakland Alameda Country, de SOM en el año 1966, el estadio de Munich con sus estructuras de membrana tensadas, de F. Otto y G. Behnisch en el año 1972, el Palau Sant Jordi, de Izosaki  y Kawaguchi y el prefabricado Estadio San Nicolás de Bari, de Renzo Piano en 1990, el Sapporo Dome, de H. Hara del año 2002, hasta el estadio de las Olimpiadas de Londres 2012, del estudio Populous, podríamos sintetizar cabalmente la evolución que las estructuras de hormigón han experimentado, en estas aplicaciones, hasta nuestros días.

Dentro este proceso de evolución técnica cobra vital importancia la figura del ingeniero francés Eugene Freyssinet, quien a principios del siglo XX dejó asentados todo los principios y procedimientos de las estructura de hormigón armado. Gracias a él empleamos el hormigón armado como un material seguro, fiable: procedimientos como el vibrado del hormigón, que fue deducido por Freyssinet como un medio ótpimo para mejorar el fraguado y la compacidad; la utilización del clavo de cabeza plana para unir encofrados de madera, el uso de gatos hidráulicos para el desencofrado, los encofrados deslizantes, los estudios de fisuración y de deformación instantánea y diferida, se generalizan a partir de la realización de sus obras.

El desarrollo de nuevas herramientas de cálculo permiten estudiar a priori los materiales y, con ello, deducir nuevas estrategias de uso que no necesariamente han sido probadas previamente. Como expresa el arquitecto José María del Monte en su tesis doctoral “Paulo Mendes Da Rocha – Conciencia arquitectónica del pretensado”: (1)

 

“La invención del hormigón pretensado supuso la culminación de esta actitud, pues no se trata de un desarrollo para optimizar el funcionamiento o la utilidad de un material, sino del invento revolucionario de un modo diferente de entender la resistencia de la obra del hombre a las cargas de la naturaleza, un procedimiento capaz de hacer realidad lo hasta entonces imposible. En rigor, el primer material resistente “inventado” de la historia de la construcción.”

La constante en la actividad de Freyssinet es la economía en las soluciones. Esta visión pone a la ingeniería en su auténtica razón de ser: no tanto práctica de la construcción sino ciencia de la práctica de la construcción, la expresión de una profunda poética de lo necesario.

Desde la doble faceta de ingeniero proyectista y constructor, pone en duda la posibilidad de éxito de un proyecto que no tenga en cuenta la realidad de la obra construida y sus medios.

El mismo define: “Aunque este orden puede parecer lógico, se proyecta primero y se construye después, esta concepción es enteramente falsa. Para todas las construcciones, hasta las más modestas, el trazado de las formas supone el conocimiento previo de los medios de su ejecución”.

Su gran preocupación desde el inicio fue el inmenso desconocimiento que tenemos, no ya de la naturaleza en su conjunto, sino de los materiales con los que nos relacionamos y nos servimos. Su postura intelectual procede de su general insatisfacción acerca del grado mínimo de conocimiento con el que podamos tomar tales decisiones.

Pese a las críticas a las que fue sometido en su momento Freyssinet salió airoso gracias a su gran audacia y confianza en su intuición. El mismo manifiesta cuando trabaja en la invención de los sistemas de pre tensado: “Un día tuve la idea de que si bien no se podía obligar al hormigón a seguir sin rotura la deformación del acero, se podía al contrario imponer al cero la deformación del hormigón. Para ello bastaría someter al conjunto de las armaduras a una tensión total más elevada que toda la tracción ulterior de manera que el hormigón se encontrara permanente comprimido”. Tan simple como esta definición empírica y precisa del concepto del pre tensado era su abordaje cotidiano de los problemas técnicos, con la aplicación de las técnicas de pre tensado Freyssinet descubre un material noble, duradero, isótropo, capaz de deformarse elásticamente y dotado de una completa reversibilidad.

Si bien sus primeras obras datan del año 1906 Freyssinet es recordado por sus proezas.

Su puente de Villeneuve sur Lot, en el año 1915, formado por dos arcos de cien metros de luz de hormigón; los hangares realizados en Orly y en Avord para albergar los recordados zeppelings , de 46 metros por 60 metros de luz libre, dimensiones que lo constituyen en la primer obra de fábrica que permite superar el record del Panteon de Roma o su famoso puente de estructura de hormigón pretensada para Luzancy, en 1946, que representa en la historia de la ingeniería lo que Il Cupollone de Brunelleschi en la historia de las cúpulas, son algunos de los casos más recordados.

Sin embargo lo más destacable fue que nos legó una serie de métodos y procedimientos constructivos con los que seguir su camino. Ahora el desafío sigue siendo nuestro, ya que queda pendiente algo mucho más importante que su simple aplicación, la capacidad de extraer de su empleo virtudes arquitectónicas y de integrarlo como algo capaz de generar otra arquitectura. (1)

 

Citas:

  1. “Paulo Mendes Da Rocha – Conciencia arquitectónica del pretensado”, José María del Monte, Editorial Nobuko, Buenos Aires, 2013.