Tapa UNLA

866 No07 Busnelli

PATRIMONIO CONSTRUCTIVO

En los procesos de puesta en valor y re funcionalización de edificios patrimoniales hay una lógica constructiva original que resulta interpelada no solo por el paso del tiempo y la necesidad de los programas actuales sino por el rol que le asignamos a las nuevas tecnologías formando parte o no de esta tradición constructiva.

La puesta en valor y la re funcionalización de las grandes infraestructuras ferroviarias,  portuarias, de energía y los grandes mataderos han sido una de las operaciones dominantes dentro  del crecimiento y el desarrollo de las grandes urbes desde la década del 70 hasta nuestros días. Operaciones como la reconversión de la Estación de O´rsay de Gae Aulenti (1979) o del parque de la Villete de Bernard Tschumi en París (1982), la renovación de los Docklands(1981-1991) o la Tate Gallery  de Herzog y De Meuron(2000) en Londres, el Mercado San Miguel (2009) o el Matadero Legazpi de Madrid de Arturo Franco(2007), el edificio Corona del Tornavías nueva sede de la UNSAM (2003)(publicado en nuestra revista nro. 2), Puerto Madero (1991-2002)o la Usina de las Artes en nuestra ciudad(2012)son un claro testimonio de ello. Este tipo de intervenciones siempre alimenta el debate urbano, arquitectónico y patrimonialista en cuánto al nivel de intervención y a la calidad de las mismas. Con motivo de de la recuperación de las naves ferroviarias para la sede de la UNLA queremos en esta sección sumar una mirada más a esta reflexión, la que brinda la tradición constructiva.

Así como Steven Holl plantea que en las “primeras miradas del sitio se encierra la trama de la invención” podríamos plantear, sin temor a equivocarnos, que cuando intervenimos en un edificio de valor patrimonial la comprensión de su lógica constructiva genera el marco de actuación constructiva de la nueva intervención. Sin embargo esta reflexión no solo apunta a decisiones que tienen que ver con cuestiones técnico-constructivas sino a tomar una posición absolutamente conceptual frente a esta tradición.

Un caso paradigmático, en estos términos, representa la intervención realizada por nuestro colega español Arturo Franco (www.arturofranco.es) en la transformación de las primeras naves del Matadero Legazpi de Madrid (obra del arquitecto municipal Luis Bellido, 1908-1928). Fiel a sus antecedentes Arturo Franco plantea una estrategia absolutamente radical, dejar que el edificio exprese a partir de su estado, bastante deteriorado y con una serie de incendios parciales, el contraste entre su gran calidad constructiva y su historia reciente de abandono. La nueva intervención está materializada a partir del acero corten, sin tratamientos ni terminaciones, y el cristal, conformando una piel interior que contrasta con el estado de las paredes y las cubiertas, que sólo fueron tratadas para detener su deterioro y garantizar un estandar básico de confort. Su paleta de materiales también incluye la reutilización de las viejas tejas de las cubiertas para conformar nuevos tabiques divisorios en el interior de las naves, la utilización de herramientas de carpintería tradicional como dispositivos para el reciclaje de las carpinterías originales de madera y una serie de materiales reciclados, obtenidos en la misma renovación, que sirven como equipamiento y panelería de las nuevas instalaciones. En palabras de su autor ”esta intervención es una prueba del poder de la arquitectura como contenedor cualificado”.

Si bien muchos atribuyen esta condición a la crisis financiera española y por ello a la reducción de partidas presupuestarias para obras de la agenda cultura, en parte cierto, los que conocemos a Arturo Franco sabemos de su actitud crítica hacia la producción española de la última década y su aguda mirada sobre la condición constructiva como valor esencial de su propuesta.

En el caso de las naves que constituyen la sede del rectorado, un conjunto de aulas y el auditorio de la UNLA podemos observar una lógica de intervención conceptualmente emparentada con la descripta en el Matadero de Legazpi.

Si bien en este caso no se plantea una posición tan radical se destaca no obstante la cuidadosa recuperación y puesta en valor de la estructura original y la selección de los nuevos materiales y tecnologías adoptados para poder albergar los nuevos requerimientos.

Desde los muros dobles de bloques de hormigón, acústicamente concebidos, los nuevos entrepisos de metal y hormigón, el reemplazo de parte de las cubiertas metálicas por nuevas piezas translucidas, que permiten iluminar cenitalmente estas profundas naves, y el extremo cuidado observado en el diseño de todas las piezas de articulación y vinculación entre las nuevas estructuras y el edificio existente (ver detalles), garantizan los dispositivos que permiten un armónico diálogo material entre lo nuevo y lo viejo.

Un párrafo aparte merece la intervención del anexo que se desarrolla como la nueva fachada de la nave oeste. Exteriorizando la tradición constructiva metálica del viejo edificio, esta ampliación propone una cubierta metálica que se apoya en el muro existente y en una serie de puntales metálicos, “construyendo una sombra” que se desarrolla uniformemente durante toda la fachada. Este nuevo espacio, que alterna galerías abiertas con espacios cerrados totalmente vidriados, permite la visualización del muro original como la “fachada real” y materializa una circulación pública protegida que se convierte en un eje fundamental de conexión para todo el campus. Este anexo genera nuevos espacios transversales al sistema de las naves permitiendo articular los nuevos programas y generar nuevos espacios de exposiciones que aprovechan esta condición de vidriera. Nuevamente aquí el esmerado y austero diseño de las partes contribuyen a conforman un todo que dialoga materialmente a partir de la lógica constructiva de su antecesor patrimonial.

Como final me quedo con una frase de Arturo que parece resumir una misma actitud:

“Orden, oportunidad, compromiso, contención o claridad sin ninguna voluntad formal a priori.

Este proyecto deshace algunos caminos recorridos, pretende alcanzar puntos de encuentro. Avanza retrocediendo… Ahora los elementos industriales, inertes, se entienden de otra manera, descontextualizados, y colocados desde la imprevisibilidad del trabajo manual.”

Arturo Franco, de su memoria “Estética de la ruina”, Madrid, 2007.